Uno de los fracasos en la historia de la ingeniería ha sido el Puente de Tacoma Narrows. Poco despues de ser abierto al tráfico el 1 de julio de 1940, se descubrió que el puente se deformaba y ondulaba en forma peligrosa aún en condiciones de viento relativamente benignas para la zona. El 7 de noviembre de ese mismo año, el puente colapsó a causa de un fenómeno físico conocido como flameo:
Leonard Coatsworth, conductor sorprendido sobre el puente y que aparece en el vídeo justo antes del colapso, lo contó así e su momento:
“Apenas había atravesado las torres, el puente comenzó a retorcerse en forma violenta de lado a lado. Antes de que pudiera darme cuenta, la inclinación se hizo de tal magnitud que perdí el control de mi auto… Frené y salí del vehículo, y caía de cara sobre el pavimento… Podía escuchar el sonido del hormigón resquebrajándose… El auto comenzó a desplazarse de lado a lado de la ruta.
Me arrastré sobre mis manos y rodillas durante 450 m hasta llegar a las torres… Estaba muy agitado; mis rodillas estaban peladas y sangraban, tenía las manos lastimadas e hinchadas de intentar agarrarme al pavimento de cemento… Hacia el final, me arriesgué a ponerme de pie y correr en pequeños tramos… Una vez que alcancé la seguridad del puesto de peaje presencié el colapso final del puente y cómo mi auto se precipitaba en el Narrows.“
Tubby, un perro Cocker Spaniel que viajaba con Leonard Coatsworth y que no salió del vehículo, fue la única víctima del desastre del puente de Tacoma Narrows. Tras esta experiencia se cambió la metodología de construcción de puentes, haciéndolos mas aerodinámicos y reduciendo su esbeltez para disminuir el efecto del viento.


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